El Comandante de un avión “ameriza” en el río Hudson con los motores apagados y Hollywood hace una película sobre el héroe de nervios de acero que salvó las vidas de cientos de pasajeros y tal vez la de miles de neoyorkinos. Y no está mal. Un barco es asaltado por piratas somalíes, y también hacen otra película, sobre cómo un hombre puede ser crítico para evitar catástrofes. Los héroes anónimos son increíblemente inspiradores. Gente común, haciendo su trabajo de todos los días, que de pronto destacan por actos osados, valientes, arriesgados, o por hacer una diferencia en el mundo. Hollywood sabe eso, y por esta causa, hay muchas películas de gente ordinaria que puesta en situaciones extraordinarias reacciona de un modo extraordinario.

Y uno de los modos de la santidad es ese: el poder marcar la diferencia en la crisis, el ser la persona que “salva el día”, el estar cuando los demás lo necesitan, el ser un ejemplo de alguna virtud en grado heroico. Hay muchos, muchísimos héroes, muchísima gente que cuando fue puesta a prueba, por una gracia de Dios especialísima, actuó “como Dios manda”. Acá les dejamos algunos ejemplos ?

1. La virtud del perdón: Immaculée Ilibagiza

Immaculé era la hija de un matrimonio de maestros en la Ruanda de 1994. Su vida transcurría apaciblemente entre sus estudios universitarios y su familia, cuando el horror se desata: muere el presidente en un accidente aéreo, y los Hutus (una división tribal) deciden atacar a los Tutsis acusándolos del crimen. A lo largo de los siguientes días, mueren alrededor de 1.300.000 personas, entre ellas toda la familia de Immaculée. Para salvarse ella permaneció durante 91 días escondida, en un espacio estrecho y oscuro. Durante su encierro Immaculée rezaba todos los días el Rosario, pero cuando llegaba al “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, no podía rezar. Pidió a Dios fuerzas para poder perdonar a los que estaban matando a su tribu y la querían matar a ella, y Dios se la concedió. Tiempo después de salir de su escondite, se encontró con uno de los asesinos de su familia y lo perdonó.

2. Ignacio Echevarría: defender la vida

Ignacio era un empleado bancario originario de España que trabajaba en Londres. De camino a su casa presenció como unos terroristas  estaban apuñalando a una mujer junto al Borough Market. Sin dudarlo un segundo, corrió en defensa de la mujer con la única arma que tenía a mano: su monopatín. Atacó a los terroristas golpeándolo en la cabeza, pero no se dio cuenta que los otros venían por detrás y lo atacaron. De ese modo, la mujer y muchas otras personas pudieron escapar y dar aviso a las autoridades. Ignacio murió en el ataque, pero gracias a los dos minutos de forcejeo con los terroristas la policía pudo intervenir y salvar a muchísima gente.

3. Anas Al Basha: la alegría en medio de las bombas

Anás era un joven que trabajaba en una fundación que llevaba alivio a los niños hospitalizados en Alepo, Siria. A sus 24 años decidió quedarse, a pesar del recrudecimiento de los ataques de las milicias de ISIS, a brindarle alegría a los pequeños hospitalizados por los ataques. Toda su familia ya se había retirado de Alepo y él recorría las calles desiertas, aun a riesgo de su propia vida, para llegar al hospital, disfrazarse de payaso y llevarle un momento de alegría a los pequeños hospitalizados. El payaso Anás murió durante un bombardeo el 1 de diciembre de 2016.

4. Soledad Cullen: dar la vida por los otros

Soledad era la madre de 3 niños y se encontraba de visita en la casa de su hermana para celebrar el primer cumpleaños de su madre luego de haber enviudado. La casa comenzó a incendiarse mientras dormían. El incendio fue muy fuerte, prácticamente no quedó nada por rescatar de la casa donde ocurrió. Al reconstruir los hechos se supo que Soledad estaba en la parte todavía segura de la casa en llamas, al lado de sus hijos, a los que instó a saltar por la ventana. Pero ella no saltó. Su ahijado de seis años había quedado tras las llamas y no podía salir. Ella fue a buscarlo. No pudo salvarlo y ambos murieron en el incendio. Los encontraron abrazados, el chiquito no tenía ninguna marca porque Soledad lo tenía cubierto con su cuerpo.

5. Arnaud Beltrame: cumplir el deber por amor

Arnaud Beltrame era un teniente coronel de la Gendarmería francesa que murió en un atentado tras haber cambiado su vida por la de una rehén en un supermercado en Trebes. Un hombre entró al supermercado y mató a dos personas, un cliente y un empleado de la tienda, antes de tomar a varias personas como rehenes. Fue en este punto, que el gendarme de 45 años se ofreció como voluntario para tomar el lugar de la rehén, dejando su teléfono móvil en una mesa con una línea abierta para que la policía pudiera monitorear la situación. Cuando la policía oyó disparos, un equipo táctico ingresó al supermercado. El atacante fue abatido y el gendarme Arnaud Beltrame resultó gravemente herido y luego murió.

El Papa Benedicto XVI dijo:

«Pero permanece la pregunta: ¿cómo podemos recorrer el camino de la santidad, responder a esta llamada? ¿Puedo hacerlo con mis fuerzas? La respuesta es clara: una vida santa no es fruto principalmente de nuestro esfuerzo, de nuestras acciones, porque es Dios, el tres veces santo (cf. Is 6, 3) quien nos hace santos; es la acción del Espíritu Santo la que nos anima desde nuestro interior; es la vida misma de Cristo resucitado la que se nos comunica y la que nos transforma. Para decirlo una vez más con el concilio Vaticano II: “Los seguidores de Cristo han sido llamados por Dios y justificados en el Señor Jesús, no por sus propios méritos, sino por su designio de gracia. El bautismo y la fe los ha hecho verdaderamente hijos de Dios, participan de la naturaleza divina y son, por tanto, realmente santos. Por eso deben, con la gracia de Dios, conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que recibieron”».

Estos héroes cotidianos, estos santos todavía no canonizados, son los que hacen la diferencia en las grandes crisis. Son llamados por Dios a servir en un momento crítico, en un testimonio valiente, y ellos responden con generosidad, a riesgo de su propia vida, con una enorme confianza en Dios. Su testimonio de vida, y especialmente su testimonio en el momento de ofrecer la vida o el perdón nos inspiran a seguir confiando en que siempre los planes de Dios son mejores que los nuestros, aun cuando no lo podamos ver.

Y tú, ¿conoces algún otro héroe cotidiano?